El presupuesto sale el día que te lo piden, no el lunes.
La memoria del arquitecto entra y sale convertida en capítulos y partidas, con sus horas repartidas. Ese presupuesto es luego la vara de medir de toda la obra, no un documento que se archiva.
Presupuestos que se pierden por llegar tarde. Partes que aparecen el viernes. Facturas que nadie imputa. Y un plazo que se descubre roto cuando ya no hay margen de maniobra. Eso es lo que ordenamos.
La memoria del arquitecto entra y sale convertida en capítulos y partidas, con sus horas repartidas. Ese presupuesto es luego la vara de medir de toda la obra, no un documento que se archiva.
El encargado manda el parte por WhatsApp, como ya hace. Se convierte en horas por cuadrilla imputadas a la partida que toca. Nadie transcribe nada el viernes por la tarde.
Llega por Gmail o por WhatsApp, se extraen proveedor, base, IVA y obra, y queda imputada al capítulo. Lo que la IA no ve claro se marca para que lo confirme una persona.
Coste real contra presupuestado, capítulo a capítulo. Cuando un capítulo se va, lo ves con la obra abierta y aún a tiempo de negociar, no en el cierre.
No son problemas de software. Son horas de gente cara, presupuestos que llegan tarde y márgenes que nadie mira hasta el cierre. Cada uno se tapa con algo concreto.
Alguien caro se pasa el fin de semana midiendo y picando partidas de la memoria del arquitecto. Y el presupuesto que llega tarde, se pierde: lo firma el que contestó primero.
Horas apuntadas en una libreta, transcritas tres días después y repartidas a ojo entre capítulos. Cuando alguien pregunta cuántas horas lleva una partida, nadie lo sabe con certeza.
Llegan por correo o por WhatsApp, se pagan para no quedar mal con el proveedor y se imputan a bulto. El coste real de un capítulo acaba siendo una estimación de alguien de memoria.
Un capítulo se dispara en abril y te enteras en octubre, con la obra entregada y el cliente sin ganas de hablar de dinero. Ya no hay nada que negociar.
Cada fase tiene un entregable concreto y un criterio de avance claro. Cero proyectos que mueren en un cajón.
Nos sentamos con tu equipo y mapeamos dónde se van las horas: qué se repite, qué datos se copian a mano, qué se hace tarde o dos veces. En obra eso suele estar entre el tajo y administración.
Automatizamos el proceso con mayor retorno. Uno solo, de verdad, funcionando con tus obras y tus facturas reales. No una demo con datos de ejemplo.
Tu equipo lo adopta: formación práctica, ajustes con su feedback y soporte directo. El software que no se usa no ahorra nada, y en obra eso se nota en una semana.
Con el ahorro demostrado, ampliamos a nuevos procesos. Seguimos como partner técnico continuo, o lo dejamos donde está. Lo decides tú, con los números delante.
Medido con Magno contra una memoria real de 68 páginas y 241 partidas. Lo que no está literal en el papel, se marca.
Sobre un presupuesto de 48.180,20 € migrado en producción. Cada hora fichada sabe a qué partida pertenece.
El mapa de horas perdidas está sobre la mesa antes de que empieces a pagar desarrollo.
Somos un interlocutor único, del diagnóstico al sistema en marcha. Y el sector lo conocemos por dentro.
Del diagnóstico al sistema funcionando, con un solo interlocutor.
Primero el proceso que más horas quema, no el más vistoso.
Horas y euros recuperados, con métricas antes y después.
WhatsApp, Gmail y Excel: las herramientas que ya dominan.
Otros clientes no ven nada tuyo.
Cuéntanos cómo se gestiona hoy una obra en tu empresa y te decimos, con números, cuál de los cuatro agujeros te está costando más y por dónde empezaríamos.
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